El maquillaje natural busca realzar, no transformar. La clave está en trabajar la piel antes de aplicar cualquier producto. Una piel hidratada permite que la base se funda mejor y evita el efecto acartonado.
Opta por bases ligeras o hidratantes con color que unifiquen sin cubrir en exceso. Aplica el corrector solo donde sea necesario y difumina bien para que no se noten cortes.
Un toque de colorete aporta vida al rostro, mientras que una máscara de pestañas abre la mirada sin necesidad de sombras recargadas. El iluminador, usado con moderación, puede dar ese acabado saludable que marca la diferencia.
Menos capas, más naturalidad. Esa es la filosofía de un maquillaje que funciona para el día a día.